El Sevilla FC se enfrenta hoy a sus propios fantasmas en el césped del Martínez Valero. La situación es límite: a solo un punto del abismo, el club se asoma a una realidad que muchos aficionados jóvenes solo conocen por los libros de historia. Un descenso en este 2026 no sería una simple caída deportiva, sino un impacto frontal contra la línea de flotación de una sociedad anónima deportiva que ya se encuentra en la UCI financiera tras años de gestión errática.
El «agujero negro» financiero: la pérdida de 60 millones de euros
Si el conjunto de Nervión cae a la Segunda División, la estructura económica del club saltaría por los aires de forma inmediata. Según fuentes de autoridad en gestión deportiva consultadas por Ficherio, el impacto financiero se traduciría en un retroceso de dos décadas. El club dejaría de percibir ingresos vitales que actualmente mantienen viva la tesorería:
- Derechos de televisión: Una reducción drástica que oscila entre los 40 y 60 millones de euros.
- Patrocinios y Taquilla: Caída en picado del valor de la marca y de la recaudación por abonos en el Ramón Sánchez-Pizjuán.
- Competiciones Europeas: Desaparición total de los bonos por participación en la UEFA, esenciales para pagar la deuda corriente.
Consecuencias legales: el fantasma del descenso administrativo
El mayor peligro no es jugar en la categoría de plata, sino la incapacidad de cumplir con los pagos. El Sevilla FC arrastra una deuda acumulada que, en el escenario de Segunda, se volvería incontrolable.

Esta asfixia económica podría desencadenar una serie de medidas de gracia o castigos por parte de LaLiga y el Consejo Superior de Deportes:
- Concurso de acreedores: El club se vería obligado a una intervención judicial severa.
- Sanciones federativas: Riesgo real de pérdida de puntos por impagos a la plantilla.
- Descensos administrativos: En el caso más extremo, si la deuda no se refinancia, la institución podría caer a categorías no profesionales.
Una plantilla insostenible para la Segunda División
La dirección deportiva, actualmente cuestionada, tendría que ejecutar una «operación salida» masiva y traumática.
Con contratos diseñados para la élite, el club se vería forzado a malvender a sus activos más valiosos como Isaac Romero o Juanlu para evitar la quiebra técnica.
El descenso no es solo perder una categoría; es el riesgo de quedar atrapado en un pozo donde clubes históricos llevan años intentando salir sin éxito.
El partido de hoy ante el Elche es, literalmente, el primer paso para evitar la demolición controlada de un gigante de Europa.
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